martes, febrero 26, 2008

Las claves de la enfermedad

¿Es posible que la mayor parte de nuestras enfermedades no sean sino "reactivaciones" de traumas que, aunque no lo recordemos, sufrimos durante el tiempo en que permanecimos en el vientre de nuestra madre o durante los siete primeros años de vida?

Así lo afirma al menos el investigador español Joaquín Grau, autor de una revolucionaria técnica terapéutica que nos permite viajar hacia el pasado, bucear en el fondo de nuestra mente y encontrar los episodios traumáticos que nos han llevado de adultos a estar enfermos a fin de disolverlos y curarnos.

Con motivo de la publicación de la obra en la que recoge su trabajo, "Tratado Teórico-Práctico de Anatheóresis. Las claves de la enfermedad", entrevisté a Joaquín Grau. Aquí la publico íntegramente. *

Cuando Joaquín Grau me pidió que leyera su último libro no pude sospechar ni por asomo el enorme alcance de su obra. Cierto es que hace unos años yo mismo había asistido en calidad de alumno a sus cursos en el bellísimo pueblo griego de Monemvassia, a donde nos llevó a estudiar, y que le presioné muchas veces para que dejara reflejado por escrito todo el conocimiento acumulado con sus experiencias terapéuticas, pero no es menos cierto que he quedado perplejo con su lectura.

Y es que, en el breve espacio de dos años, Joaquín Grau no se ha limitado a plasmar sus experiencias y a explicar la terapia y sus fundamentos sino que ha cimentado y estructurado un auténtico corpus doctrinal, sólido, apoyado por abundante casuística y con una metodología impecable. Una obra que tiene el fundamento suficiente como para producir un cataclismo mundial en el ámbito de la Salud y que, por ello mismo, va a provocar reacciones probablemente virulentas. Aún sorprendido, se lo dije sin rodeos cuando me entrevisté con él:

-¿Eres consciente de que tu libro agrieta los cimientos del edificio científico que sustenta el actual paradigma de la Medicina y que si lo que afirmas es cierto, hay que replantearse, entre otras muchas cosas, todo lo que se refiere al diagnóstico y tratamiento de los enfermos?

- Soy consciente. Pero mi tesis responde al axioma comúnmente aceptado de que no existen enfermedades, sino enfermos, y de que la inmensa mayoría de éstas responden a problemas que tienen su origen en uno mismo. El cuerpo se limita a somatizar el problema. La diferencia es que yo he constatado, después de 30 años de experiencia clínica, que la mayor parte de las enfermedades -si no todas- son actualizaciones de daños originados cuando el ser humano aún no ha alcanzado los 7 o los 12 años, según los casos (tampoco todo el mundo madura a la misma edad). Y cuanto afirmo puede ser fácilmente contrastado con la práctica clínica.

-Me temo que vas a recibir una respuesta gélida, cuando no un ataque virulento, por gran parte de la clase médica convencional...

- Sé que mis explicaciones serán negadas -si no ignoradas- por aquellos científicos -cada vez menos, afortunadamente- que siguen encerrados en la seguridad de las murallas que un día levantaron Newton y Descartes. Comprendo ese miedo -que no es sólo paradigmático, sino también biológico- porque mi terapia ahonda hasta alcanzar los más escondidos y dolorosos estratos de la psique. Sé que no he diseñado sólo una terapia más, sino que explico también que existe otra forma de percibir el mundo y la vida, otra forma de ser y de estar.

- ¿Y cómo surgió esa nueva visión?

-La comprensión y valoración de que existen distintas formas de percibir -de ver y sentir la realidad- es el fruto de una constante investigación que inicié en l960 y eclosionó a principios de la década de los ochenta, cuando llegué a la evidencia de que utilizando unos determinados estados de conciencia, distintos del de vigilia, así como una dialéctica apropiada a esos estados, era posible obtener una metodología regresiva altamente terapéutica. Porque la Anatheóresis, nombre con el que la he bautizado, no es una terapia fundamentada en los procesos de percepción del hemisferio cerebral izquierdo -que es el plano de conciencia que utiliza nuestra ciencia mecanicista-, sino que tiene sus fundamentos y su justificación en los procesos de percepción del hemisferio cerebral derecho, acausal e interiorizador, que es el que realmente metaboliza el conocimiento.

-¿Y por qué el término de Anatheóresis?

-Para diferenciarlo de las distintas técnicas hipnóticas y regresivas. ¿Y por qué?, te preguntarás. Pues porque la terapia anatheorética es mucho más que todo eso, es todo un cuerpo doctrinal científico basado en la experiencia clínica, no en disgresiones mentales, y no incluye creencias ni doctrinas. La Anatheóresis es ciencia. Y si bien es cierto que utilizo, en algunos casos, una estrategia basada en vidas anteriores, ello tiene una razón puramente escenográfica, no doctrinal.

-En cualquier caso, utilizas en ella las técnicas de relajación ¿Cuál es, pues, la diferencia básica con la hipnosis y la sofrosis?

- Ya en 1878 el gran neurólogo Jean Martin Charcot explicó que hay distintos grados de hipnosis y que cada uno de ellos se traduce en una forma de percibir la realidad y, en consecuencia, de reaccionar ante los estímulos. Por tanto, es un problema de gradación, pero la relajación es hipnosis, como hipnosis es también la sofronización; lo que las distingue es sólo el grado de profundidad hipnótica. Y la diferencia básica con la hipnosis profunda es que en ésta el paciente pierde la conciencia -que es sólo un estado de amnesia-, mientras que en la relajación y en la sofrosis no ocurre así y el paciente permanece consciente. Y en Anatheóresis, además, se le lleva siempre a un ritmo cerebral determinado, a 4 Hz. de frecuencia, en el umbral de la pérdida de consciencia pero evitando que ésta se produzca.

- ¿Y por qué realizar la terapia exactamente a esa frecuencia y no a otra?

- Porque mis investigaciones experimentales me llevaron a comprobar, con los años, que el ritmo de 4 Hz. era la llave que abría la cámara acorazada del hemisferio cerebral derecho y permitía vivenciar y diluir los daños acumulados a lo largo de la etapa de gestación, nacimiento y primeros años de vida de todo ser humano. Constatando, además, que era sumamente fácil llevar a un paciente a esos 4 Hz., que bastaba casi una simple relajación profunda. Y te diré que cuando descubrí -hace ya más de veinte años- la forma de inducir a un paciente a 4 Hz. sin que se durmiera, varios científicos convencionales me dijeron que eso era imposible ya que esa frecuencia reproducía el estado hipnagógico y ello suponía, inevitablemente, entrar en el estado de sueño fisiológico. Ha habido que esperar a que la tecnología pusiera a punto sofisticados electroestimuladores para que la neurociencia descubriera que, en efecto, estar con altos trenes de ondas theta básicas no supone necesariamente entrar en el sueño, así como para descubrir que ésa es la frecuencia cerebral que mejor permite revivir acontecimientos de la infancia e, incluso, anteriores. En suma, que hoy la neurociencia ha corroborado lo que hace veinte años ya venía diciendo. En fin, más vale tarde que nunca.

* Primera de dos partes

** Texto tomado de http://www.dsalud.com/numero2_3.htm