martes, marzo 11, 2008

El 8 de marzo y Lucía

Por Rosario Maríñez

El viernes 7 escuché decir a la excelente periodista Sanjuana Martínez que este 8 de marzo había “poco que celebrar y mucho que construir”, en una conferencia organizada por la Facultad de Economía y el Programa Universitario de Estudios de Género de la UNAM en el marco del Día Internacional de las Mujeres, y en donde participaron, también, Carmen Aristegui y Guadalupe Blanco, una mujer que dirige un proyecto de radio comunitaria en la sierra mazateca de Oaxaca. Escuchar esto en voz de mujeres tan destacadas que han hecho del periodismo de investigación y de compromiso social el terreno para contribuir en la construcción de una sociedad mexicana bien informada y democrática, me lleva a reflexionar sobre el excelente papel que muchas mexicanas vienen haciendo, a contracorriente, de manera insumisa, sin complacencias ni caravanas para desmontar el sistema patriarcal.

En esta efeméride hablaré del caso de Lucía Andrea Morett, a quien conocí en sus primeros años de vida. Su padre, Jorge Morett fue mi maestro en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, un antropólogo profundamente comprometido en la investigación social. Su taller de investigación me llevó a incursionar en el trabajo de campo sociológico entre jornaleros agrícolas. Hoy, él es un académico muy destacado en la Universidad de Chapingo, innumerables han sido las generaciones en las que ha participado con su formación. Tras las noticias recientes sobre la situación de Lucía en Ecuador, constato que su hija es heredera de esa sensibilidad social. Lucía resultó herida el sábado 1 de marzo durante la incursión de militares colombianos a Ecuador, donde había un campamento de las FARC. Se encontraba en el sitio realizando una investigación académica. Tengo entendido que es común la presencia de periodistas, activistas, diplomáticos, estudiosos de movimientos sociales en campamentos exteriores de las FARC. El ejército colombiano masacró el campamento emboscándolo y tomándolo por sorpresa, violando la soberanía de Ecuador, los tratados internacionales, los derechos humanos al asesinar y herir a las personas que se encontraban allí. En México, los medios de comunicación han dado un manejo tendencioso de estos hechos, los cuales irresponsablemente han calificado a Lucía como guerrillera de las FARC. Dicha difamación se ha extendido a los estudiantes de la FFyL de la UNAM, en un episodio más para denigrar a la universidad pública y gratuita y a la formación de profesionales en ciencias sociales y humanidades. Esto mismo ocurría en los años setenta con los jóvenes que tomaron la vía de las armas para transformar el país, sumido en la represión y en la desigualdad bajo el dominio del PRI; y los cuales, al enfrentarse con los aparatos represores del gobierno echeverrista, eran criminalizados por Televisa y los periódicos en la nota roja, tratándolos como vulgares delincuentes. Lucía es una estudiante que egresó hace tres años de la licenciatura en Literatura dramática y teatro de la FFyL, alumna de excelencia con 9.5 promedio de calificación, con el 100 por ciento de créditos cubiertos en tiempo regular. Realizó su servicio social en el IMER; se interesa en la investigación de movimientos sociales en América Latina y coordina la cátedra libre “Simón Bolívar”.

Me parece que la situación de Lucía no es fácil, pues será objeto de persecución por parte de aquellos que la consideran como un elemento terrorista, dado el estatus que la política de seguridad del gobierno de Bush ha otorgado a las FARC, y la manera en que esta política se está aplicando no sólo en Colombia, sino también en México. Por eso, tanto la UNAM, la Universidad de Chapingo y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, sus autoridades y algunas comunidades estudiantiles y académicas están pidiendo al gobierno mexicano que otorgue las garantías para que se mantenga la integridad física y psicológica de Lucía, se respeten sus derechos y cese el hostigamiento a grupos estudiantiles y de investigación social de la UNAM. Demanda que también suscribo.

La autora es Maestra en Ciencias Educativas por el IIDE-UABC, y estudiante del Doctorado en Ciencias por el DIE-Cinvestav.