martes, enero 15, 2008

Virginidad, matrimonio, educación artística y soberanía agroalimentaria

Epílogos

Por Sergio Rommel Alfonso Guzmán

Milenio diario del 2 de enero de 2008 da cuenta de un estudio realizado por el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la Universidad Autónoma de México acerca de la salud reproductiva entre adolescentes de escuelas públicas: El 80 por ciento de los encuestados considera que las mujeres deben llegar vírgenes al matrimonio y piensa que debe casarse por la Iglesia. Esto, es lo de menos. Lo preocupante es que este estudio con una duración de dos años y 32 mil estudiantes encuestados en ocho estados “mostró que las mujeres están convencidas que deben ser pasivas sexualmente, no tener deseos, por lo que muchas veces, a pesar de tener relaciones sexuales, no se atreven a pedirle al varón la protección necesaria para no contraer enfermedades o quedar embarazadas”. Y mientras tanto, aquí las buenas conciencias se escandalizan por libros de texto de Biología con información sexual. Paradojas de la vida.

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De El Universal del 7 de diciembre de 2007 extraigo fragmentos de un texto de la artista visual e investigadora Mónica Mayer, producto de su visita a finales de noviembre a Baja California: “Una de las áreas más dinámicas de la educación artística es el nivel profesional. Muchas universidades han abierto carreras de artes visuales en los últimos años y cada una está desarrollando sus propios programas, desde la Escuela de Artes de Yucatán hasta la Escuela de Artes de la UABC, cuya visión práctica de la realidad los ha llevado a capacitar a sus alumnos tanto en la producción artística como en la docencia y la gestión. Precisamente, en esta última se presentó una llamativa videoinstalación titulada Inquietudes explícitas del colectivo Sin Motivo, integrado por Norma Campos, Angélica Corona, Leticia González, Linda Martínez, Betsaida Hernández, Claudia Flores y Angelita Ortega.

El edificio de lo que fuera la primera estación de bomberos de Mexicali, construido en 1924, hoy pertenece a la Escuela de Artes de la UABC. En determinado momento también albergó juzgados federales. El proyecto consistió en incendiarlo. En el exterior del edificio proyectaron llamas y adentro lluvia. Un ruido infernal de sirenas atraía la atención del público. No sé si estas jóvenes artistas, a punto de terminar la carrera, querían quemar su escuela simbólicamente o si pretendían opinar sobre el Poder Judicial. Quizá buscaban jugar con las sensaciones que producen dos elementos tan fuertes como el fuego y el agua y crear una paradoja al incendiar la estación de bomberos. Lo lograron”.

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Yes de Sally Potter destaca en primer término por el virtuosismo de la interpretación de Joan Allen, una científica de edad madura quien establece una relación extraconyugal con un cocinero libanés. Potter se muestra precisa y contenida, creando la atmósfera de abatimiento de una adultez cargada de éxito profesional pero árida en el elemento de relación humana. A la manera de Bergman el filme trasmite la profunda desolación ante la imposibilidad de la comunicación. Sin embargo, dos individuos de razas, culturas y niveles socioeconómicos parecieran encontrarse sugiriendo que el hecho amoroso es posible.

Pronto, las diferencias culturales entre ambos estallarán la relación más allá de la voluntad de los que aman como si el hecho del amor se imposibilitara por los contextos histórico-económicos y políticos. La pareja se reencontrará en Cuba tal vez como una tibia insinuación de que sólo en una sociedad ajena a la lógica del mercado las relaciones entre los diferentes se hacen posible. Sin embargo, Sally Potter no quiere construir una narrativa de final feliz, por ello inserta la historia absolutamente incidental de la ahijada menor de la protagonista quien inicia una relación sexual con el marido de ésta, como una estrategia de mostrar en su problematicidad y claroscuros las relaciones de pareja.

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En el último número del 2007 Milenio semanal se avoca al tema de la apertura comercial del campo mexicano y los riesgos que ello representa para la soberanía alimentaria de nuestro país. Más allá de las cuentas felices del gobierno en voz del Secretario de Economía, Eduardo Sojo, los datos respecto a las abismales diferencias en lo indicadores de competitividad entre México y Estados Unidos no permiten augurar un partido a favor de nuestros campesinos.

Como lo señala Juan Danell Sánchez en su artículo “El agro está sin preparación”: “Para producir una tonelada de maíz, los productores mexicanos trabajan 17.84 días, mientras que los estadounidenses requieren sólo 0.14 días (poco más de una hora de trabajo). El insumo de mano de obra para la producción de maíz es 127 veces más bajo en Estados Unidos. De la misma manera, para producir una tonelada de frijoles es necesario trabajar 50.60 días en México, pero sólo 0.60 días en EU. El arroz requiere 33.14 días por tonelada en México y 0.23 días por tonelada en EU. La producción de trigo es menos exigente en términos de trabajo: 3.17 días por tonelada en México, 0.33 días por tonelada en EU, y sólo 0.13 días por tonelada en Canadá. Y esto lo afirma en un estudio el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo de Canadá” (p. 19).

Si en este momento, más de la mitad de los alimentos que se consumen en México son importados, ¿qué podemos esperar del campo mexicano en los próximos años? ¿cultivos abandonados y mayor migración campesina? Lo cierto es que más allá de los spots de la tenista Lorena Ochoa vitoriando nuestro campo, casi nada más se instrumenta desde el gobierno para ayudar a los productores agrícolas mexicanos a salir bien librados de una competencia a todas luces desigual.

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De mi última visita a Zacatecas (noviembre de 2006, a la Muestra Nacional de Teatro) no me despejo de la mente la colección de títeres de la Compañia Rosete Aranda en exhibición en el museo Rafael Coronel. Por ello, es gratificante la noticia en La Jornada (3/I/08) respecto a que iniciará este enero la segunda etapa del proceso de restauración de 317 muñecos encontrados a finales de 2006 en cajas de archivo muerto. Dichas marionetas fueron utilizadas a lo largo de más de un siglo de vida de la Compañía fundada en 1835.

Para Arturo Montero Alarcón “la importancia de los títeres radica en el hecho de que son una más de las manifestaciones culturales del hombre aunado al valor estético e histórico que tienen, porque dan cuenta de esta tradición artística que suele ser un espectáculo que está a la misma altura que el teatro, y por tanto son un bien cultural de la nación”. Esperemos que en un futuro dicho lote de marionetas restauradas se exhiba en una sala de importancia con su respectivo y documentado catálogo.

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Basil de Radha Bharadwaj promete incursionar en la oscuridad del puritanismo victoriano y deriva en melodrama ramplón telenovelero a favor de los valores familiares y el perdón. Reprocho a la cinta una gestualidad ajena a la época; los personajes se mueven, caminan y copulan como hombres y mujeres del siglo XX como si el adoctrinamiento moral no se reflejara en primer término en un cuerpo sometido. Por otro lado, la historia deriva hacia lo inverosímil: un jovenzuelo apocado que –quién sabe de dónde– saca fuerzas para desafiar al padre autoritario, golpear hasta el desfiguro al amigo traidor, acoplarse de inmediato (él, un aristócrata que jamás realizó trabajo alguno) a las más duras faenas y terminar criando como propia a la hija fruto del engaño que su esposa le propinó con su mejor amigo. Digo, para eso, las televisoras nacionales.