martes, enero 15, 2008

Periodismo cultural, del prestigio al empobrecimiento actual

* Humberto Musacchio presenta su Historia del periodismo cultural en México este jueves en Tijuana y el viernes en Mexicali

Por Víctor Magdaleno

magdaleno23@hotmail.com

Reducida a espacios mínimos, arrinconada en las últimas páginas de otras secciones, regularmente la de espectáculos, clausurados la mayor parte de los suplementos culturales de los diarios y empobrecido su contenido, la información cultural siguen existiendo por el puro interés de los lectores. Y es que, al contrario de lo que piensan no pocos directivos de medios de comunicación y casi todos los ejecutivos de publicidad, quienes se aferran a sus prejuicios de que, según dicen, “la cultura no paga”, el interés los lectores por los asuntos de la cultura es real y persistente, tal vez porque en un país pauperizado al máximo sobrevive la idea que el periódico debe también educar y no solamente informar.

Sendos estudios de mercado, previos al lanzamiento de nuevos periódicos locales, que le tocó conocer hace años a quien esto escribe, revelaron que entre las secciones más demandadas por los lectores estaba la cultural. No obstante, en ambos medios los directivos la confinaron a espacios reducidos y le asignaron escaso personal, con el mismo argumento de que “la cultura no vende”. Y ese prejuicio no ha hecho sino extenderse en las últimas décadas, según lo confirma el hecho de que hoy en día no sobrevive, salvo excepciones, casi ningún suplemento cultural, cuando hace 20 ó 30 años ningún periódico que se preciara de serio podía prescindir de ellos. Y no sólo por una cuestión de prestigio editorial, sino porque había un público ávido que demandaba ese tipo de información.

Desde luego, eso ocurrió en lo que se puede llamar “la época de oro” de los suplementos culturales, cuando eran dirigidos por escritores y entre sus colaborares habituales se contaba a intelectuales y artistas plásticos de primera línea. Baste recordar los casos de Fernando Benítez que dirigió “México en la Cultura”, en el desaparecido diario gubernamental El Nacional, Carlos Monsiváis “La Cultura en México” de la revista Siempre y José de la Colina el “Semanario Cultural” del diario Novedades, también desaparecido; Luis Spota dirigió igualmente el suplemento del extinto Heraldo de México.

Esa situación contrasta con la que sucede en la actualidad, cuando muy pocos diarios le apuestan a la aventura de sostener secciones y suplementos culturales hechos con seriedad y profesionalismo. “Los medios se han empobrecido”, deplora Humberto Musacchio, quien ofrece una revisión de los derroteros que ha seguido la información cultural en la prensa mexicana, desde sus manifestaciones tempranas, durante la época colonial, hasta nuestros días, en su libro más reciente Historia del periodismo cultural en México.

De por sí, la expresión “periodismo cultural” encierra una cierta redundancia acaso inevitable, por el hecho obvio de que el periodismo es de suyo una manifestación cultural, que en este caso y de atenerse a su contenido, se ocupa de lo cultural, es decir, de temas y asuntos que tienen que ver con lo que se entiende comúnmente por cultura o perteneciente al mundo de la cultura. Se trata, pues, de una manifestación cultural que se ocupa de la cultura; muy bien, la serpiente se muerde la cola.

La expresión “periodismo cultural” tiene no obstante una utilidad no menos obvia y es que delimita un campo de acción que aunque extenso, infinito dirán con razón algunos, es acotable o por lo menos agrupable en distintas disciplinas, áreas de actividad o campos profesionales. Ante todo, la noción de “periodismo cultural” tiene un sentido práctico, principalmente en las salas de redacción, y alude al trabajo informativo que versa sobre asuntos de la cultura, entendida ésta en un sentido amplio, que incluye naturalmente las bellas artes pero que no agota allí su interés e indaga de modo más general sobre la totalidad de las manifestaciones culturales (o al menos esa es su pretensión). En esto no hay reglas inviolables y hay, por ejemplo, periódicos que en sus secciones culturales incluyen la crónica taurina, por considerar que la tauromaquia es un arte (¿?).

Con gran conocimiento del campo que pisa, Musacchio documenta la historia del periodismo cultural en el país y al hacerlo esboza el árbol genealógico de una de las especialidades más estimulantes del periodismo, cuyas raíces rastrea hasta la época colonial y cuyas ramas se extienden hasta nuestros días (aunque algo deshojadas, en los años recientes, a juzgar por el desinterés de muchos medios de comunicación).

Editado a dúo por la Dirección General de Comunicación Social y la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Historia del periodismo cultural en México constituye una fuente de datos útiles y confiables para periodistas, investigadores, estudiantes y demás interesados en esta rama del quehacer informativo. El libro de Humberto Musacchio será presentado este jueves en la Sala de Usos Múltiples del Cecut, en punto de las 7 de la noche, y al día siguiente en Mexicali, en el CEART, con los comentarios de Gabriel Trujillo Muñoz.